El psicoanálisis es sobre la libertad
¿Qué lugar ocupa la persona en lo que le pasa?
La pregunta no busca culpar ni señalar responsabilidades morales, sino abrir una posibilidad que suele estar cerrada, articulando el relato de lo ocurrido con una dimensión más íntima.
A mí me gusta el nombre psicoanálisis porque, en el fondo, es eso: un análisis de la propia vida.
Por ejemplo, alguien dice que siempre termina en relaciones donde no es escuchado. Puede contar mil detalles, cambiar de pareja, de contexto, de etapa de la vida. Pero la sensación es la misma: "otra vez lo mismo".
El psicoanálisis no busca dar instrucciones para elegir “mejor” ni decir qué tipo de relación conviene. Se detiene en otra pregunta: ¿qué lugar ocupa esa persona en esa escena que se repite?
No para juzgarla, sino para que entender cuál es la implicación subjetiva.
En un análisis, hablar no es contar una historia bien armada ni coherente. Es decir las cosas como salen. A veces torcidas, a veces contradictorias. A veces incluso no alcanza el lenguaje para decir lo que se siente. Y está bien que así sea.
En ese decir empiezan a aparecer detalles que antes no se escuchaban. Frases que se repiten, silencios, modos de posicionarse. Y el trabajo consiste en ir insertando preguntas que permitan pensar la situación de formas que van más allá de las explicaciones de siempre.
Ahí empieza a abrirse algo. Muchas veces aparece en forma de sorpresa: “mirá, esto no lo había pensado”.
El psicoanálisis no promete libertad como un ideal ni como una meta grandiosa. Pero definitivamente tiene que ver con la libertad de poder vivir una vida menos sufriente, y con más margen para hacer algo distinto con lo que a cada uno le pasa.